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POR QUÉ CAEN TANTO LOS TÍTULOS
ARGENTINOS Y QUÉ PUEDE PASAR
Lo
que seguramente termine pasando es que los que lean este informe
hasta el final terminen con la intención de tirarle 12 millones de
piedras al autor. Así que recomiendo que dejen de leer en este
punto, y que sigan -como Stanley Kubrick- con "los ojos bien
cerrados".
Para empezar, con una osadía sin límites, me gustaría arrancar
modificando una frase histórica del incorregible Jorge Luis Borges.
El máximo escritor argentino -al que se le negó el Nobel por decir
en la nariz del otro lo que el otro no quería escuchar- selló su
obra diciendo "No nos une el amor sino el espanto; será por eso que
la quiero tanto".
Y yo, ante el contexto social complejo en el que se encuentra la
empobrecida Argentina y el mundo en guerra en general, alteraría esa
frase inmortal cambiándole una solo palabra: "No nos une el amor
sino el espanto; será por eso que la odio tanto", como una muestra
de que la impotencia es de tal tamaño fue vemos a diario asesinatos
de mujeres o de hombres, casi con normalidad en la salida del sol de
cada día.
Para tratar de describir descarnadamente lo que ocurre, deberíamos
partir diciendo que estamos en un momento mundial en el que
asistimos a la decadencia del imperio que reinó durante los últimos
80 años. Desde que osó a quemar Hiroshima y Nagasaki, EE.UU. fue sin
dudas la potencia hegemónica. Hubo unos pocos años en el que la URSS
le hizo algo de fuerza, pero implosionó. Y ahora es China la que
viene pisando fuerte, con Washington y Beijing buscando repartirse
todo el mapa como si esto fuera un TEG.
En medio de eso, como herramienta, surgió la inteligencia
artificial, que da una ventaja inconmensurable y desconocida, pero
que a su vez requiere de una gigantesca provisión de energía, donde
el petróleo y las tierras raras están en este momento en el foco de
esa gran pulseada. Mientras hay científicos de otros puntos del
planeta que experimentan con hidrógeno y otras fuentes, lo cual
podría cambiar todo el tablero en cuestión de minutos, lo cual le
agrega aún más incertidumbre a todo lo que vivimos.
Pero enfocándonos en el petróleo, que es lo que más nos atora en
este momento, el ataque de EE.UU. primero a Venezuela y después a
Irán, llevó en 10 meses al barril de WTI de US$ 55 a US$ 92, con un
aumento del 67%, al tiempo que el Brent pasó de US$ 60 a US$ 97, con
un incremento del 62%. Esos aumentos llegaron a los surtidores, a
los transportes y a la inflación: en diciembre pasado EE.UU. tenía
un IPC anual del 2,7% y la UE del 1,8%. Y el último dato muestra que
la suba de precios está en 3,4% anual en EE.UU. y en el 3,2% en la
Unión Europea.
Hoy nada ni nadie puede anticipar cuánto costará el petróleo en
2027. Hay algunos analistas que lo ven a US$ 70, dando razones muy
entendibles, y otros que lo imaginan en US$ 150, también entregando
explicaciones que pueden tener algún respaldo en el sentido común.
No lo sabemos.
La gran cuestión es que este complejo período geopolítico llevó a
casi todas las naciones a agudos cuadros de déficit fiscal con
deudas estatales cada vez más estrambóticas, al puntos que empieza a
dudarse que muchos países históricamente muy sólidos puedan cumplir
con sus compromisos, lo cual determina que "a seguro de lo llevaron
preso".
Como reacción a la presente suba mundial de la inflación el
termómetro que está rompiendo aún más toda la métrica es la suba
vertical de la tasa de interés. Con el costo del dinero tal cual
estaba ya era difícil que los países pagaran sus deuda, y ahora que
los costos subieron a las nubes, puede que "el remedio sea peor que
la enfermedad".
Para entender cuánto se encareció el crédito mundial puede decirse,
como botones de muestra, que en los últimos 6 meses la tasa a 10
años de EE.UU. subió de 4,06 a 5,16% anual, con una deuda gigantesca
que ahora rueda con ese costo. En tanto que la tasa a 10 años
promedio internacional pasó de 4,35 a 5,32% anual, ahogando a
naciones que ya estaban en problemas.
Y, dentro de ese contexto, nosotros los encontramos dentro de la
quebrada Argentina, un país que ya era insolvente en la década del
'70, con Alfonsín, en el 2001, con los K, con Macri, con Fernández y
también ahora. La frase "no hay plata" del extremista Milei es
completamente cierta: si el BCRA llega a empezar a emitir pesos sin
respaldo, en 10 minutos volveremos a estar en hiperinflación
nuevamente.
Así, gracias al injusto ajuste de Milei (porque no fue contra la
casta, sino contra la clase media baja y los jubilados), la tasa a
10 años de Argentina bajó del 52% anual (que tocó cuando Alberto
Fernández consumó un nuevo default al anunciar en 2019 que iba a
revisar la deuda) hasta el 9,62% anual en diciembre pasado y ahora,
en medio de este temblor internacional, acaba de dispararse
nuevamente hasta el 12,5% anual, lo cual llevó al riesgo país de 402
unidades (al borde de acceder al crédito internacional) hasta los
609 puntos básicos del viernes pasado.
Por supuesto, como si lo que vivimos fuera una tremenda ola de gripe
internacional, los que más sufren son los más débiles. Por esa
razón, considerando lo que pasa en nuestra región, en esta crisis el
país que más sufre en Argentina. Hoy el riesgo país local es de 609,
bien por encima de Ecuador con 446 puntos, México 194. Brasil 158,
Perú 102, Chile 85 y Uruguay 64.
Y para demostrar que claramente somos los que más estamos sufriendo
este temblor, debe decirse que en lo que va de setiembre el riesgo
país de Argentina sube 95 puntos, en tanto que el de Ecuador trepa
36, pero el riesgo de todos nuestros vecinos no solo no subió, sino
que bajó: en lo que va de este mes el riesgo de Uruguay cedió 1
punto, el de México y Chile se achicó en 2 unidades, el de Perú en 4
y el riesgo de Brasil descendió en 14 puntos.
¿Por qué subió tanto Argentina y por qué bajó Brasil? Debemos decir
que, además de todo el baile que hay con el petróleo y la inflación
mundial, se vienen elecciones en países que definen sus gobernantes
por el voto, sin dictaduras de por vida, como ocurre en China, Rusia
o el Irán actual, entre muchos otros, y eso genera alta
incertidumbre, porque nadie puede anticipar con seguridad qué
resultado tendrá cada proceso electoral, todos muy vinculados con la
Argentina.
En Brasil se vota en una semana para nuevo Presidente, y el
electorado está muy polarizado, con alguna ventaja mínima para Lula,
que seguramente se definirá en el balotaje del 26 de octubre. Dentro
de 30 días se vota en Israel, donde se renueva la totalidad de los
miembros del Parlamento, 120 personas, y los votantes también están
muy polarizados, con ventaja mínima para sacar a Netanyahu del
poder. Y en EE.UU. se vota dentro de 37 días, algo que puede ser
decisivo para Milei:
TOQUE
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