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NI DÓLARES, NI BONOS, NI ACCIONES, NI
INMUEBLES: ¿QUÉ HACER?
Además
de una tensión geopolítica internacional que no cesa, van llegando a
nuestra zona de influencia tres elecciones clave que profundizan el
riesgo para las inversiones, por lo que entre los tenedores de
fondos existe en este momento un solo norte: la cautela.
Las incógnitas son importantes. Dentro de cuatro semanas (el 4 de
octubre) se vota para Presidente en Brasil, donde todo parece
indicar que se va de cabeza a un balotaje, ya que allí en primera
vuelta se gana sí o sí con el 50% "mais um".
Por ahora en las encuestas Lula tiene 38%, Flávio Bolsonaro 33% y
los cuatro candidatos menores (Augusto Cury con 8% de intención de
voto, Ronaldo Caiado 5% Renan Santos 4% y Romeu Zema 3%) son todos
de derecha, pro mercado, por lo que la segunda vuelta (el 25 de
octubre) es un gran enigma.
Luego, dentro de 58 días, el martes 3 de noviembre se realiza la
elección de medio término en EE.UU. donde Trump viene hasta ahora de
capa caída, con riesgo de perder la mayoría en la Cámara de
Representantes y al filo de quedarse sin el dominio también en el
Senado, por lo que las incógnitas para la segunda parte de mandato
actual del jefe de la Casa Blanca muestra chances de un pato rengo.
Y, en tercer lugar, con un horizonte que parece más lejano, dentro
de 1 año y 54 días, llega la Presidencial argentina. En este
momento, si se compara lo que pasaba en el tercer año de los últimos
tres gobiernos (el 2° de Cristina Fernández, el de Macri y el de
Alberto Fernández) Milei viene con entre 4 y 12 puntos arriba. Y
dentro del Gobierno hay una puja importante entre Luis Caputo que
quiere dar cebador para que la economía real mejore y Federico
Sturzenegger que sigue con la idea del ajuste inflexible.
Así, con la Unión Europea sumergida en una neblina económica, con el
motor de China que empieza a ratear y con Japón entrando a terapia
intensiva, además de lo que pasa en Ucrania y en Irán, todo el
momento indica que es hora de buscar activos seguros, que sirvan
como refugio, pero sin pasarse de rosca: ya vimos con claridad con
repetidos ejemplos de la historia que los buscadores de seguridad
finalmente cayeron en distintas trampas
Quedó grabado en la piedra lo que pasó con la ciudad de Saint-Pierre
(conocida como "la París del Caribe" debido a su riqueza, belleza y
vida cultural) en la isla de Martinica, en el caribe el 8 de mayo de
1902. Después de la "Belle Époque" tras el triunfo de Francia sobre
Prusia en 1871, muchas familias francesas ricas empezaron a percibir
que se venía otro gran conflicto bélico (que sería la 1° Guerra
Mundial en 1914). Para evitar vivir en otra guerra esos millonarios
se fueron a un paradisíaco territorio francés de ultramar (la isla
de Martinica) y construyeron a los pies del volcán Pelée un lugar de
ensueño, con mansiones a orillas del mar.
El 8 de mayo de 1902 Saint-Pierre tenía 28.000 habitantes, que
vivían tomando champagne. Pero ese día explotó el volcán Pelée, En
cuestión de tres minutos, una nube piroclástica (un flujo ardiente
de gas tóxico, ceniza y roca supercalentada a más de 1.000 °C)
descendió a más de 160 km/h sobre la ciudad, arrasándola por
completo y destruyendo también los barcos anclados en la bahía. Y de
los 28.000 franceses que fueron a su edén, quedaron solo 3
sobrevivientes.
Por eso, en este momento en el que todos buscan proteger sus
capitales para que no se evaporen tal como sucedió en repetidas
crisis de la historia, hay que considerar que hay que moverse con
sumo cuidado, pero sin subirse a un barco que finalmente termine
llevando a los cautelosos a una nueva Saint-Pierre. Hoy, la
corriente de búsqueda de seguridad tiene cinco destinos principales:
el oro, la onza de plata, el bitcoin, el Ethereum y la compra de
inmuebles, y es necesario analizar lo que pasó con cada uno, para
ver si pueden convertirse en un buen refugio o en una trampa.
El oro, clásico refugio por antonomasia, tuvo un recorrido muy
particular. Entre 2011 y hasta después del covid (en 2022) cotizó a
1500 dólares. Luego, sobre todo a partir de la invasión rusa a
Ucrania el metal amarillo empezó a subir sin parar, hasta llegar a
tocar los 5400 dólares hace 8 meses, pero hoy vale más de 1000
dólares menos: su último precio es de 4477 dólares.
El que compró onzas de plata sufrió algo parecido. La onza de este
metal cotizaba a 15.000 dólares por onza antes del covid. En
pandemia saltó hasta 29.000, luego cayó a 18.000, pero junto con la
invasión rusa empezó a trepar hasta llegar a un récord histórico de
nunca jamás de 95.000 dólares a comienzos de este año, y hoy cotiza
a 66.800.
El Bitcoin, cotizó durante bastante tiempo en la zona de los 10.000
dólares hasta antes de la pandemia. Llegó a 62.000 en el pico de
covid, después cayó a 15000, a partir de la invasión rusa saltó
hasta 124.000. Y hoy, con muchos cripto adictos pronosticando que va
a costar un millón de dólares, está tratando de defender el piso de
80.000.
El Ethereum, la segunda moneda cripto más operada, valía unos 500
dólares antes del covid. Saltó hasta 4.400 dólares en plena
pandemia. Luego cayó a 1.100 dólares. A partir de la invasión rusa
saltó hasta 4400 de nuevo, pero hoy navega en torno a los 2.500
dólares.
¿Qué nos dicen todos estos "Saint-Pierre"? Que es momento de tener
cautela, no es bueno hoy tomar riesgos, pero como decía el recordado
técnico de fútbol César Luis Menotti (que nos dejó a los 85 años, en
mayo de 2024) "para saber entrar hay que saber salir".
La situación que viven los mercados en estos días es tan
efervescente que incluso los sitios que habitualmente recomiendan
comprar renta variable (acciones) ven alta chance un desinfle mayor
en el precio de las Bolsas. Por eso, disimulando, hoy dicen "vamos a
hablar solo de renta fija, para no azuzar las aguas". Viven de la
compra-venta de acciones, pero hoy tienen precios tan altos que en
muchos casos comprarlas significaría armar un palacete en
"Saint-Pierre".
Otro de los clásicos refugios, sobre todo del argentino medio, es
meter dólares en el colchón o en cajas de seguridad, o incluso
comprando bonos internacionales en dólares, que prometen pagar tasas
de entre 4 y 10% anual. Pero todos los que creen que el "billete
verde" es un vellocino de oro deben tener en cuenta que desde este
miércoles llega la compra, que puede ser masiva, de parte de Scott
Bessent de bonos de Tesoro de EE.UU. para que suban de precio y que
la tasa larga norteamericana baje.
Hoy la tasa base de la Fed es del 3,5% anual y los bonos largos
(entre 1 y 30 años) prometen entre 4 y 5% anual. Frente a eso, en
plena campaña electoral, Donald Trump advierte que "EE.UU. es el
país que más empleo genera y si la Fed en su reunión del 15 y 16 de
agosto decide impedir que la tasa baje, le colocaré más aranceles a
los países con los que EE.UU. tiene déficit comercial", lo cual
puede armar otro temblor.
¿Qué escenario plantea esto para los inversores? Los que están
acostumbrados a colocar sus ahorros en valores atados a lo
financiero deben entender que hoy no es un momento para tirarse de
cabeza ni en dólares, ni en bonos, ni en acciones, ni en
criptomonedas. ¿Pueden tener por delante un pulso alcista? Sí, pero
en todos los casos tienen cotizaciones de largo plazo que están en
niveles altos, caros.
¿Por qué no dólares? Porque lo más probable es que pierda valor, por
emisión de Bessent y por inflación de EE.UU. ¿Por qué no bonos?
Porque sus precios ya cotizan alto; en el caso de los títulos
argentinos sus paridades ya están empezando a parecerse a las de los
países vecinos, y su tasa a vencimiento ya no es escandalosamente
alta como lo era con los Fernández y Massa. ¿Por qué no acciones?
Porque la subas de las tecnológicas fueron astronómicas. Pueden
seguir ya que la IA tiene ventanas desconocidas, pero la
multiplicación de empresas que hacen lo mismo, más barato, también
crece como moscas. Y el riesgo de que las adelantadas bajen es
grande, y que eso termine arrastrando a las Bolsas.
¿Qué hacer entonces?
TOQUE
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