Luis Varela

SABER INVERTIR

Edición en línea del Domingo 16 de agosto de 2026

 

 

 

HAY QUE BUSCAR EL NICHO: COCODRILO QUE DUERME ES CARTERA

Mientras la mayoría llora, las ganancias están volando

 

Escribe LUIS VARELA
luisalbertovarela@hotmail.com

Los grandes países del mundo -lo sabemos- tienen sistemas de gobierno bien diferentes. Si bien hay muchas excepciones, se puede decir que en Oriente rigen dictaduras autoritarias interminables (Xi en China, Putin en Rusia, la guardia revolucionaria en Irán...) donde alguien manda con mano de hierro y los opositores desaparecen misteriosamente. Mientras que en Occidente lo que más funciona es la democracia, donde con sus fallas el voto popular determina quién será Presidente durante períodos cortos, en general mandatos de cuatro años, con posibilidad de una reelección consecutiva.

En este momento, con Xi y Putin al mando de por vida, y con la guardia revolucionaria iraní cortándole las uñas al que abra la boca, las máximas conducciones políticas de esta parte del mundo están contra las cuerdas, ya que deben rendir examen pronto, para ver quién se queda en el poder.

Faltan apenas 7 semanas para la elección presidencial en Brasil (donde Lula reduce su ventaja sobre Bolsonaro y aparece un Milei brasileño). Estamos a 10 semanas y 2 días de la elección de medio término en EE.UU. (donde Trump sabrá si se convierte, o no, en un pato rengo). Mientras que para la elección presidencial argentina del 24 de octubre de 2027 falta una eternidad de 434 días ("¿no sabemos qué va pasar este viernes y me preguntás a cuánto va a estar el dólar a fin de año?", suele decir con ironía el profesor Juan Carlos De Pablo.

Y lo ciertamente paranoico de este momento es que a una vida de que se vote para definir si Javier Milei es reelecto o no, lo que dominó gran parte del tablero de esta semana fueron justamente las primeras movidas de la campaña electoral. Hubo una primera conversación telefónica de media hora de Karina Milei con Mauricio Macri, lo cual derivó de aquí en más en una agenda de reuniones quincenales entre gente de LLA y del PRO en Casa Rosada. Al tiempo que, casi sin soportarse, hubo una juntada entre Kicillof, Máximo Kirchner y Massa, y luego un acercamiento del gobernador bonaerense a lo que se llama peronismo federal (apartándose del nexo con Máximo y Sergio), donde todos esperan que las cuentas se las pague otro.

El lanzamiento tan anticipado de la campaña electoral argentina tiene una explicación. En ese momento no se está jugando a quién se vota dentro de 434 días, sino la anulación, o no, de las PASO (Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias), donde un peronismo sin un conductor claro espera meter mucho ruido al mercado local (para debilitar al gobierno) y que sea la gente con su voto la que elija quién es el mandamás del PJ.

Por supuesto, esto es Argentina ("no la entenderías") y aunque se vote decenas de veces terminamos en urnas cambiadas, boletas truchas y candidatos que se dicen democráticos pero que fueron nombrados de manera ilegal, con grandes empresas metiendo mucho dinero o intendentes cobrando una cadena de favores. Asistimos a cosas así todo el tiempo: ¿o no vimos esta misma semana de qué modo el Chiqui Tapia llevó la causa que lo desvela al juzgado de Campana? "Hacete amigo del juez, no le des de qué quejarse, que siempre es bueno tener palenque donde rascarse".

En el medio, por supuesto, vemos una nueva traición de un vicepresidente a un primer mandatario, no es la primera, ya hubo tres o cuatro en 100 años. Después de ser votada en la fórmula con Milei, cuando sola no la votaban ni en una kermese, Victoria Villarruel acaba de decir que "hay que pensar en los que no llegan a fin de mes", cuando ella no trabó el aumento gigantesco a los senadores. Cada legislador de la Cámara Alta se autoasignó una "dieta" que los engorda: reciben el equivalente a 24 jubilaciones mínimas. Y Villarruel tenía las herramientas para impedir esa diferenciación entre duques y mendigos.

Pero más allá de todas esas escaramuzas políticas, lo cierto -del aquí y el ahora- es que el ministro de Economía Luis Caputo empezó a darse cuenta de que no estamos en 18 meses de "paseo por el parque". Apurado porque la economía real no arranca (siguen los cierres de empresas y los despidos), acaba de tomar dos decisiones que demuestran su desesperación:

1) A través de un DNU (decreto de necesidad y urgencia) el Gobierno oficializó la flexibilización de los créditos en dólares para empresas no exportadoras (algo que fue impedido tras la crisis de 2001, porque los dólares se transformaron en argendólares, y se terminó el 3 de febrero de 2002 con la pesificación asimétrica firmada por Eduardo Duhalde.

2) Además, con los inmuebles usados cotizando por el piso porque la gente no quiere invertir en una Argentina en la que el peronismo puede volver en cualquier momento, el Gobierno está a punto de lanzar un plan para impulsar créditos hipotecarios con fondos del FGS de ANSES.

Ante estas dos medidas tomadas en pleno vértigo, con cuentas fiscales ya dibujadas casi artísticamente (con muchísimos gastos pisados), la gran pregunta que se hacen los privilegiados que aún tienen ahorros es si ¿pueden funcionar medidas de urgencia, abandonando la administración prudente?

Ante estas decisiones, así a los apurones, los conocedores de historia recuerdan dos acontecimientos históricos notables, con resultados diferentes:

a) Uno surge de una recomendación atribuida a Napoleón Bonaparte, cando le decía a su asistente "vísteme despacio, que estoy apurado", antes de dirigirse hacia una batalla crucial.

b) Otra es una anécdota deliciosa que recomienda "para ganar, hay que arriesgar". En 1955, en las prácticas previas a un gran premio de F1, el inglés Stirling Moss le fue a preguntar lo siguiente al gigante Juan Manuel Fangio, su coequiper en Mercedes Benz.
- Juan, ¿a qué velocidad o en qué marcha hay que encarar esa curva para no perder adherencia?
Fangio, con su característica tranquilidad y pausada, lo miró, sonrió suavemente y le respondió:
- "Esa curva se toma a fondo, Stirling. Si levantás el pie del acelerador, el auto pierde la carga, se desacomoda y te vas afuera. Hay que entrar acelerando a fondo".
Una hora después, Moss, enojado le dijo:
- ¿Juan! Hice exactamente lo que me dijiste, entré totalmente a fondo... ¡y me fui directo al pasto!
Y Fangio le contestó: "Ah, sí... Yo también me fui afuera la primera vez que lo intenté".

O sea, estamos en un momento político, económico y financiero muy delicado. En la competencia electoral a los argentinos les toca tener de un lado a un chofer loco que practica "chicken game" y del otro están los conductores del tren fantasma. En las consultoras, que se equivocan apenas el 95% de las veces, suponen que desde acá a octubre de 2027 puede surgir una figura del medio. Ponen, por ejemplo, a un Rogelio Frigerio o a una Victoria Villarruel como posibles conductores. Y la respuesta inmediata es, con sus personalidades, ¿cuánto duran en la Casa Rosada en un país con los desequilibrios y los traumas de defaults que tienen en la cabeza los argentinos?

Sin dudas, la situación actual es muy delicada. Hay muchísima gente sin trabajo o con ingresos muy bajos. Los gastos del transporte se llevan el 30% de lo que se gana. El 60% de la gente se endeuda para pagar comida y servicios. Los endeudados ya están fuera del scoring bancario y terminan pidiéndole plata a prestamistas del barrio, en muchos casos narcos ocultos. No saben dónde se meten.

Hoy mismo, con el lunes feriado por delante, hay directores de bancos que trabajan para ocultar la plata prestada irrecuperable en sus balances contables, ya que números malos derrumbarán sus cotizaciones. No es casual que empresas estratégicas -con mucho rodamiento- como el banco Santander o el grupo Clarín no presenten sus balances en el nivel local. Un mal dato les puede hacer perder muchos clientes o lectores.

Frente a eso, el Gobierno enfrenta otro contratiempo inesperado. Luego de haber tenido una inflación anual del 31,3% en octubre del año pasado, el INDEC acaba de anunciar que el IPC está viajando en este momento al 33,8% anual. Eso ocurre mientras los bancos pagan en plazos fijos entre 16 y 27% anual, todas tasas claramente negativas a pesar de ser los intereses más altos de las últimas 20 semanas.

El atolladero global y local nos pone en una encrucijada. Con la guerra en Irán en el medio, los metales preciosos se convierten en la mejor inversión de la primera quincena, con subas del 10% en dólares, mientras que el otro refugio clásico como el Bitcoin está en 0%. EE.UU. es una aspiradora de capitales, ya que los bonos de la Fed pagan 4,7% anual a 10 años y 5,3% anual a 30 años, los mayores intereses en tres años.

Con eso, con Wall Street en una burbuja (sube 120% nominal, 75% real, en cuatro años), las acciones y los bonos argentinos acaban de derrumbarse 22% en las últimas 9 semanas, ya hay casos con precios de liquidación. Pero, atención, en medio de este derrape, grandes estrategas de las finanzas, como el empresario multimillonario Peter Thiel, nacido en Alemania, cofundador de PayPal, acaba de comprar acciones argentinas: invirtió US$ 76 M de la petrolera Vista, reina de Vaca Muerta.

¿Por qué lo hace? Hay advertencias bursátiles que dicen "comprar en medio de una caída es como intentar agarrar un cuchillo que cae de punta". Pero las grandes fortunas se hicieron bajo un lema muy arriesgado: "compré cuando todos vendía, y vendí cuando todos compraban".

Y, mientras tirios y troyanos están a los gritos, diciendo que el IPC mide mal, que los textiles caen, pero no tanto, que la construcción se recupera, pero está en la lona, hay una verdad que a muchos quizás les ha pasado desapercibida (seguro que Peter Thiel la conoce a la perfección).

Esta semana entraron a la Bolsa de Buenos Aires 26 balances trimestrales con los números en detalle. Ya habían cumplido con el trámite 14 empresas, por lo que ya hay entregados 40 resultados trimestrales, sobre 63 firmas cotizantes, por lo que ya entró el 64% de la foto de los estados de cuenta de las empresas más grandes de la Argentina.

Así, en una economía muy heterogénea, evolucionando con forma de "letra K", con sectores ganadores y perdedores, considerando que las compañías energéticas se llevan la parte del león en las ganancias: por lo presentado hasta ahora, las 40 empresas que cumplieron con la entrega de su balance en tiempo y forma ganaron US$ 24,5 M promedio en el 2°T 25 y nada menos que US$ 86,1% en el 2°T26. O sea, mientras la mayoría llora (e insiste con hacer lo que le da pérdida), las ganancias anuales de las firmas que cotizan en el índice MerVal subieron 251% en dólares (y sin embargo las cotizaciones bursátiles cayeron 22% promedio). En el informe de PERSPECTIVAS damos todos los datos sobre las empresas que ganaron dinero, las que perdieron, las que pasaron de ganar a perder o las que emergieron de perder a ganar. Cuáles son las solventes y cuáles están "Close to the edge" (como el icónico álbum de Yes de 1972.

Y con los títulos públicos argentinos pasó exactamente lo mismo. La economía real estancada, la inflación en alza y el riesgo de la vuelta del peronismo hicieron que la compra de bonos argentinos desapareciera. Por eso los precios cayeron y el riesgo país saltó de 402 a 480 puntos, muy por encima de los 432 puntos de Ecuador, los 190 de México, los 178 de Brasil y los 107 de Perú. Y, ni que hablar, si recordamos que el riesgo de Chile es de 89 puntos y el de Uruguay de apenas 66.

Solo en la primera mitad de agosto, el riesgo país argentino subió 50 puntos, mientras que el de Ecuador aumentó en 2 unidades, Uruguay no cambió y hubo bajas de 1 punto para Brasil, de 3 puntos para Chile, de 5 puntos para Perú y de notables 21 puntos para México.

Hoy, con todo lo que pasa, con tasas reales por el suelo y una inocencia fiscal que no convence a nadie, el stock total de depósitos en pesos y en dólares se congeló. El ahorro (los dólares) se siguen yendo al colchón o a cuentas del exterior. ¿Es razonable eso? ¿Está Peter Thiel equivocado? Frente a estos interrogantes, los bancos de inversión hacen sus recomendaciones, dicen que hay que armar los portafolios bajo las siguientes condiciones:
 

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