Luis Varela

SABER INVERTIR

Edición en línea del Domingo 6 de setiembre de 2026

 

 

 

LA RENTA FINANCIERA YA NO DA TANTO Y VIENE UN TRIPLE RIESGO ELECTORAL: ¿CÓMO EVITAR UN SAINT-PIERRE?

 

Ni dólares, ni bonos, ni acciones, ni inmuebles: ¿qué hacer?
 

 

Escribe LUIS VARELA
luisalbertovarela@hotmail.com

Además de una tensión geopolítica internacional que no cesa, van llegando a nuestra zona de influencia tres elecciones clave que profundizan el riesgo para las inversiones, por lo que entre los tenedores de fondos existe en este momento un solo norte: la cautela.

Las incógnitas son importantes. Dentro de cuatro semanas (el 4 de octubre) se vota para Presidente en Brasil, donde todo parece indicar que se va de cabeza a un balotaje, ya que allí en primera vuelta se gana sí o sí con el 50% "mais um".

Por ahora en las encuestas Lula tiene 38%, Flávio Bolsonaro 33% y los cuatro candidatos menores (Augusto Cury con 8% de intención de voto, Ronaldo Caiado 5% Renan Santos 4% y Romeu Zema 3%) son todos de derecha, pro mercado, por lo que la segunda vuelta (el 25 de octubre) es un gran enigma.

Luego, dentro de 58 días, el martes 3 de noviembre se realiza la elección de medio término en EE.UU. donde Trump viene hasta ahora de capa caída, con riesgo de perder la mayoría en la Cámara de Representantes y al filo de quedarse sin el dominio también en el Senado, por lo que las incógnitas para la segunda parte de mandato actual del jefe de la Casa Blanca muestra chances de un pato rengo.

Y, en tercer lugar, con un horizonte que parece más lejano, dentro de 1 año y 54 días, llega la Presidencial argentina. En este momento, si se compara lo que pasaba en el tercer año de los últimos tres gobiernos (el 2° de Cristina Fernández, el de Macri y el de Alberto Fernández) Milei viene con entre 4 y 12 puntos arriba. Y dentro del Gobierno hay una puja importante entre Luis Caputo que quiere dar cebador para que la economía real mejore y Federico Sturzenegger que sigue con la idea del ajuste inflexible.

Así, con la Unión Europea sumergida en una neblina económica, con el motor de China que empieza a ratear y con Japón entrando a terapia intensiva, además de lo que pasa en Ucrania y en Irán, todo el momento indica que es hora de buscar activos seguros, que sirvan como refugio, pero sin pasarse de rosca: ya vimos con claridad con repetidos ejemplos de la historia que los buscadores de seguridad finalmente cayeron en distintas trampas

Quedó grabado en la piedra lo que pasó con la ciudad de Saint-Pierre (conocida como "la París del Caribe" debido a su riqueza, belleza y vida cultural) en la isla de Martinica, en el caribe el 8 de mayo de 1902. Después de la "Belle Époque" tras el triunfo de Francia sobre Prusia en 1871, muchas familias francesas ricas empezaron a percibir que se venía otro gran conflicto bélico (que sería la 1° Guerra Mundial en 1914). Para evitar vivir en otra guerra esos millonarios se fueron a un paradisíaco territorio francés de ultramar (la isla de Martinica) y construyeron a los pies del volcán Pelée un lugar de ensueño, con mansiones a orillas del mar.

El 8 de mayo de 1902 Saint-Pierre tenía 28.000 habitantes, que vivían tomando champagne. Pero ese día explotó el volcán Pelée, En cuestión de tres minutos, una nube piroclástica (un flujo ardiente de gas tóxico, ceniza y roca supercalentada a más de 1.000 °C) descendió a más de 160 km/h sobre la ciudad, arrasándola por completo y destruyendo también los barcos anclados en la bahía. Y de los 28.000 franceses que fueron a su edén, quedaron solo 3 sobrevivientes.

Por eso, en este momento en el que todos buscan proteger sus capitales para que no se evaporen tal como sucedió en repetidas crisis de la historia, hay que considerar que hay que moverse con sumo cuidado, pero sin subirse a un barco que finalmente termine llevando a los cautelosos a una nueva Saint-Pierre. Hoy, la corriente de búsqueda de seguridad tiene cinco destinos principales: el oro, la onza de plata, el bitcoin, el Ethereum y la compra de inmuebles, y es necesario analizar lo que pasó con cada uno, para ver si pueden convertirse en un buen refugio o en una trampa.

El oro, clásico refugio por antonomasia, tuvo un recorrido muy particular. Entre 2011 y hasta después del covid (en 2022) cotizó a 1500 dólares. Luego, sobre todo a partir de la invasión rusa a Ucrania el metal amarillo empezó a subir sin parar, hasta llegar a tocar los 5400 dólares hace 8 meses, pero hoy vale más de 1000 dólares menos: su último precio es de 4477 dólares.

El que compró onzas de plata sufrió algo parecido. La onza de este metal cotizaba a 15.000 dólares por onza antes del covid. En pandemia saltó hasta 29.000, luego cayó a 18.000, pero junto con la invasión rusa empezó a trepar hasta llegar a un récord histórico de nunca jamás de 95.000 dólares a comienzos de este año, y hoy cotiza a 66.800.

El Bitcoin, cotizó durante bastante tiempo en la zona de los 10.000 dólares hasta antes de la pandemia. Llegó a 62.000 en el pico de covid, después cayó a 15000, a partir de la invasión rusa saltó hasta 124.000. Y hoy, con muchos cripto adictos pronosticando que va a costar un millón de dólares, está tratando de defender el piso de 80.000.

El Ethereum, la segunda moneda cripto más operada, valía unos 500 dólares antes del covid. Saltó hasta 4.400 dólares en plena pandemia. Luego cayó a 1.100 dólares. A partir de la invasión rusa saltó hasta 4400 de nuevo, pero hoy navega en torno a los 2.500 dólares.

¿Qué nos dicen todos estos "Saint-Pierre"? Que es momento de tener cautela, no es bueno hoy tomar riesgos, pero como decía el recordado técnico de fútbol César Luis Menotti (que nos dejó a los 85 años, en mayo de 2024) "para saber entrar hay que saber salir".

La situación que viven los mercados en estos días es tan efervescente que incluso los sitios que habitualmente recomiendan comprar renta variable (acciones) ven alta chance un desinfle mayor en el precio de las Bolsas. Por eso, disimulando, hoy dicen "vamos a hablar solo de renta fija, para no azuzar las aguas". Viven de la compra-venta de acciones, pero hoy tienen precios tan altos que en muchos casos comprarlas significaría armar un palacete en "Saint-Pierre".

Otro de los clásicos refugios, sobre todo del argentino medio, es meter dólares en el colchón o en cajas de seguridad, o incluso comprando bonos internacionales en dólares, que prometen pagar tasas de entre 4 y 10% anual. Pero todos los que creen que el "billete verde" es un vellocino de oro deben tener en cuenta que desde este miércoles llega la compra, que puede ser masiva, de parte de Scott Bessent de bonos de Tesoro de EE.UU. para que suban de precio y que la tasa larga norteamericana baje.

Hoy la tasa base de la Fed es del 3,5% anual y los bonos largos (entre 1 y 30 años) prometen entre 4 y 5% anual. Frente a eso, en plena campaña electoral, Donald Trump advierte que "EE.UU. es el país que más empleo genera y si la Fed en su reunión del 15 y 16 de agosto decide impedir que la tasa baje, le colocaré más aranceles a los países con los que EE.UU. tiene déficit comercial", lo cual puede armar otro temblor.

¿Qué escenario plantea esto para los inversores? Los que están acostumbrados a colocar sus ahorros en valores atados a lo financiero deben entender que hoy no es un momento para tirarse de cabeza ni en dólares, ni en bonos, ni en acciones, ni en criptomonedas. ¿Pueden tener por delante un pulso alcista? Sí, pero en todos los casos tienen cotizaciones de largo plazo que están en niveles altos, caros.

¿Por qué no dólares? Porque lo más probable es que pierda valor, por emisión de Bessent y por inflación de EE.UU. ¿Por qué no bonos? Porque sus precios ya cotizan alto; en el caso de los títulos argentinos sus paridades ya están empezando a parecerse a las de los países vecinos, y su tasa a vencimiento ya no es escandalosamente alta como lo era con los Fernández y Massa. ¿Por qué no acciones? Porque la subas de las tecnológicas fueron astronómicas. Pueden seguir ya que la IA tiene ventanas desconocidas, pero la multiplicación de empresas que hacen lo mismo, más barato, también crece como moscas. Y el riesgo de que las adelantadas bajen es grande, y que eso termine arrastrando a las Bolsas.

De última, otra clásica forma de ahorro de los argentinos fue hasta hace 30 años la compra de ladrillos, inmuebles, "porque están ahí, no se esfuman, no se van a ir". Pero las propiedades tocaron en la Argentina su techo en términos reales en 1997, cuando empezó a agonizar la convertibilidad de Menem-Cavallo. El último pico fue en 2017, con Macri. En ese momento un tres ambientes promedio se llegó a vender a 150.000 dólares, desde ahí cayó hasta 40.000 con los Fernández y Massa, luego con Milei trepó hasta 120.000 a comienzos de este año, pero hoy su precio trata de defender los 113.000 dólares.

¿Por qué no inmuebles? Caputo, haciendo "justicia social" (no se rían, lo dijo) anunció que con el FGS de ANSES habrá crédito hipotecario para 18.000 familias, cuando en el AMBA se hacen normalmente unas 14.000 escrituras mensuales, por lo que esa ventana de financiamiento será un vaso de agua en el desierto. Además, la renta por invertir en un inmueble y alquilarlo es menor a la de un bono, sin tener que lidiar con expensas extraordinarias, roturas de cañerías (o problemas de ese tipo, a cargo de los propietarios), y sin riesgo de tener un inquilino que pierda su trabajo, no pueda pagar, y haya que recurrir a un incómodo desalojo.

¿Qué hacer entonces con los ahorros? Hoy los bancos de inversión tienen un menú estrecho. El camino es bien preciso, absolutamente definido, y a continuación lo desplegamos para los suscriptores de
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