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INCERTIDUMBRE
TOTAL: SUMERGIDOS EN UN CUENTO DE LAS 1000 Y UNA NOCHES
Al
límite, con monedas licuándose, acciones y bonos en baja y sin que
reaccionen los tradicionales activos refugio (oro, plata y
criptomonedas), los inversores de aquí, allá y todas partes entran a
la segunda quincena de mayo absolutamente a ciegas.
De alguna manera, emulando a los personajes más famosos de "Las mil
y una noches" como Simbad el Marino, Aladino o Alí Babá, los que
tienen capital ahorrado tienen la sensación de estar parados ante un
río de lava que deben cruzar pisando piedras flotantes.
Particularmente, aquella narración fantástica, surgida de un tapiz
de relatos desarrollados en la Persia del siglo IV D.C., se trata
esencialmente de una serie de cuentos narrados cada noche por
Sherezade, la hija del gran visir (el consejero del sultán
Shahriyar) para que no mate a su hermana en el amanecer del día
siguiente.
Equiparando aquellas fábulas, mitos o leyendas surgidas hace 22
siglos, el mundo actual se encuentra en una encerrona muy compleja.
Justamente Irán (los persas) están trabando la principal fuente de
energía de este tiempo, el petróleo. El barril de crudo cotizaba a
60 dólares hasta enero y en este momento supera los 100 dólares,
incendiando la inflación en todas partes.
Emulando la crisis de las "punto com" en 2008, la primavera árabe en
2011 o la pandemia de covid en 2022, tanto la versión WTI (de Texas
en EE.UU.) como la del Brent (Mar del Norte) el barril de petróleo
salta a picos absolutamente inusuales. El Brent llegó a 140 dólares
en 2008, alcanzó los 125 dólares en 2011, los 115 dólares en 2022 y
terminó al borde de los 110 dólares el viernes.
Eso está generando un fuerte aumento en los surtidores de los
combustibles en las estaciones deservicio de todo el planeta. En
EE.UU. el precio del galón (3,78 litros) saltó de 2 a 4,50 dólares.
Mientras que en Europa el salto también fue importante, pero menor,
porque los países de la Unión Europea están eliminando impuestos
temporalmente, lo cual agravará en bloque sus cuentas fiscales.
Y esto es absolutamente global. En China el galón costaba 28 yuanes
en enero y 36 yuanes hoy. Mientras que en la Argentina (con YPF y
las empresas competidoras aplicando un amortiguador, con ajustes
cada 45 días) el litro de nafta súper saltó de $ 1566 en enero a $
2034 en este momento.
Por supuesto, la suba de los combustibles empuja a los fletes y el
aumento en los fletes presiona a la inflación, generando bolsillos
agujereados y tensión social en todas partes. En EE.UU. los precios
minoristas de abril subieron 3,8% anual y los mayoristas 6% anual,
los niveles más altos desde la pandemia de covid.
Para combatir eso, algunos países usan como estrategia la suba de la
tasa de interés y otros la baja temporal de impuestos. Una cosa
ahoga al crédito y la otra ahoga las cuentas públicas, provocando
desafíos muy complicados de corto o de mediano plazo.
Y, como si Sherezade inventara otra tormenta, el mundo acaba de
asistir a una reunión cumbre en Beijing de los dos emperadores de
este momento: Donald Trump y Xi Jinping. Hubo conversaciones,
despedidas protocolares, la promesa de juntarse de nuevo en la Casa
Blanca en setiembre.
De fondo, Trump fue a China para lograr acuerdos por tierras raras
(energías alternativas para alimentar a la Inteligencia Artificial)
y respaldo para que se libere el estrecho de Ormuz, en el Golfo
Pérsico. Pero la respuesta de Xi fue contundente, no hay apoyo
contra Irán y se exige que EE.UU. deje de influir sobre Taiwán, para
que su independencia de China termine.
Ya hay una guerra comercial entre EE.UU. y China, eso ya está puesto
sobre la mesa. Pero lo que las delegaciones chinas pusieron bien en
claro es que "tres minutos después de que el Parlamento de Taiwán
decrete la independencia total de los chinos empezará la guerra
total".
Frente a eso, el mundo elevó las posibilidades de entrar en
estancamiento económico con alta inflación. En un año, la tasa a 10
años se disparó: en EE.UU. pasó de 4 a 4,6% anual y la tasa promedio
mundial pasó de 3,7 a 4,8% anual.
Y este aumento en el costo del dinero profundiza el agujero de las
deudas públicas. Hay muchos países en zona roja. Japón debe el 237%
de su Producto, Italia adeuda el 137%. En EE.UU. esa relación trepó
hasta el 126%. Brasil está en el 97% y la Argentina en 75%, pero con
una creciente deuda en pesos.
Frente a eso, todas y cada una de las Bolsas del mundo estuvieron en
rojo en la última semana, con los mercados de Brasil, Santiago de
Chile, México y Argentina entre los más castigados, con bajas
semanales que fueron del 2,5 al 3,7%. Y con los bonos de esos países
perdiendo valor contado y, como consecuencia, aumentando en bloque
los niveles de riesgo país.
¿Por qué sucede esto? Suben las tasas de interés en los mercados
grandes y eso los convierte en una aspiradora de capitales. Así, el
dólar cotizaba a 4,88 reales en Brasil hace una semana y el viernes
terminó en 5,05 reales. Esto, en países como Brasil no es tan grave
porque la gente no piensa en dólares y porque su banco central tiene
muchos dólares para vender y amortiguar la suba.
A fines de 2024 Brasil tuvo una corrida, el real pasó en seis meses
de 4,75 a 6 reales por dólar y el banco central brasileño tuvo que
vender US$ 30.000 de sus reservas totales por US$ 300.000 para
frenarla.
En Argentina, con un mercado cambiario intervenido, en plena gran
exportación de granos, petróleo y minerales, el dólar está inmóvil
desde hace casi 9 meses, período en el que se acumuló una inflación
de más del 25%. Eso hace que haya una inflación anual en dólares
altísima con un BCRA que está comprando dólares pero que todavía
está vacío, con reservas netas negativas.
Hoy, con gran debilidad, la tasa a 10 años de Brasil está en el
14,5% anual, la de Argentina en el 10%, la de México en el 9,3% y la
de la India en 7%. Esos niveles altísimos son usuales, pero hay
países como Gran Bretaña, que tenía una T10 del 3,7% y ahora tiene
un nivel del 5,2%, con los bonos ingleses entrando en una crisis
complicada.
A esto se agrega otro desafío inquietante. En muchos países la
población no ahorra ni en plazos fijos, ni en bonos, ni en oro o
plata, sino en acciones. Y en las Bolsas de todas partes hay muchas
empresas sobrevaluadas.
Hay un indicador, denominado curva de Shiller que mide la relación
precio-ganancia (PER) de las empresas en años. O sea, cuánto vale
cada compañía según su capitalización bursátil en relación a años de
ganancias. El promedio histórico marca que la "normalidad" es que
una empresa necesita unos 22 años de ganancias para alcanzar su
valor total de Bolsa.
En una serie desestacionalizada de 100 años, en los maravillosos
años 20 del siglo pasado, el valor Shiller subió de 5 a 32 años de
Price Earning Ratio (PER) entre 1920 y octubre de 1929. Luego del
crack del 29 de octubre de ese año, Wall Street cayó tanto que el
PER bursátil se hundió de 32 a 5 nuevamente, y se inició la gran
depresión.
Con las punto com y la crisis de las hipotecas, la valuación Shiller
se hundió de 43 a 14 años, por lo que los que ahorraron en acciones
vieron como sus tenencias se deshicieron entre los dedos. ¿En qué
nivel está el Shiller hoy? En 42 años, muy cerca del récord
histórico, luego de que Trump se fuera de China con las manos vacías
y con la guardia revolucionaria iraní diciendo que ni Xi ni EE.UU.
abrirán Ormuz.
¿Qué recomiendan los grandes bancos de inversión ante este
intrincado momento? ¿Será tiempo de más cuentos de Sherezade? Veamos
cuáles pueden ser las carteras que se plantean como posición ideal
en medio de esta crisis:
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