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OTRA VEZ "PASARON COSAS", PERO "ESTA VEZ SERÁ DIFERENTE" ¿ALCANZA?
Vivimos
tiempos difíciles. ¿Cuándo no lo son? En 1859, el primer párrafo de
Charles Dickens en su "Historia en dos ciudades" dijo: "Era el mejor
de los tiempos, era el peor de los tiempos, la edad de la sabiduría
y también de la locura; la época de las creencias y de la
incredulidad; la era de la luz y de las tinieblas; la primavera de
la esperanza y el invierno de la desesperación. Todo lo teníamos
ante nosotros, nada teníamos ante nosotros; íbamos directamente al
cielo, íbamos todos al revés...".
Y, cosa más, cosa menos, estamos pasando por una picadora de carne
bastante parecida. En la crónica del cierre de los mercados de este
viernes escribimos que "los dos cucos de 2026 siguen alterando
todo". Con el petróleo en las nubes, el costo la energía vuela y la
inflación se acamala. Con la IA en pleno desarrollo desaparecen
empresas, se cae empleos, aquí, allá y en todas partes, y el caos se
va expandiendo escaque tras escaque, haciendo que los trebejos de la
vida vuelen por los aires.
Este mismo jueves vimos de qué modo hubo un momento de tensión
alrededor del Congreso porque los manifestantes rechazaron el
elemental acto democrático para dar o no dar quórum en una sesión de
diputados. Y ayer se vieron protestas mucho más subidas de tono, con
incendios, saqueo de comercios y destrucción pura en varias ciudades
de Francia (como París, Marsella, Toulouse, Lyon, Rennes, Burdeos y
Limoges, con incendio de un edificio municipal en la que cayó una
cúpula emblemática con 143 años de historia). También hubo
estallidos en Italia (Roma, Milán y Turín). Y hasta en Bélgica (con
enfrentamientos en Bruselas, Liége, Verviers, Tournai, Virton y
Hannut).
De momento no se llegó al incendio del parlamento de Nepal, en
Katmandú. O tampoco quemaron íntegro el congreso regional de
Makassar, Indonesia. Pero hasta el cierre de esta edición el
Presidente Emanuelle Macron tenía 1200 detenidos en Francia, con
manifestantes que habían perdido manos y extremidades, múltiples
lesiones, alguien perdió un ojo, en enfrentamientos con policías que
terminaron con 150 agentes heridos.
Todo esto ocurre porque la inflación castiga, no hay puestos de
trabajo y los salarios pierden poder adquisitivo mes a mes. Ni
hablar sobre la revolución de inquilinos sin viviendas en España. Es
como un tsunami de acontecimientos entre los que hay cada vez más
gente desesperada, reclamando que Estados quebrados, con déficits
fiscales de hasta 7 puntos o deudas que duplican el PBI, les
resuelvan las cosas de alguna manera.
Editoriales históricas, que dicen hacer periodismo puro, como si
todos los demás fueran pecaminosos, publicaron con letras catástrofe
"Están cerrando las libreríasss". Lo hacen, sin decir, al mismo
tiempo, que aumenta la cantidad de libros que se leen en notebooks,
o directamente en audiolibros. Y que los libros de papel, que son
más entrañables al ser leídos, están desapareciendo.
Pocos recuerdan que, a fines del siglo XIX, con la llegada de los
automóviles a este mundo, desaparecieron los carruajes, los que
vivían criando caballos para tracción a sangre y hasta perdieron su
trabajo los levantadores de bosta, ya que las calles empedradas de
Londres, París o Nueva York dejaron de tener estiércol por todas
partes, que debía ser limpiado al finalizar cada día.
Hoy, además, con la llegada de los autos eléctricos, que usan
baterías mucho más sencillas que los motores a combustión, están en
juego miles de empleos que trabajan en terminales automotrices o en
el sector autopartista. En la Argentina de hoy hay 12 fábricas de
autos con unos 30.000 empleados directos y los sindicatos culpan al
Gobierno por dejar entrar autos chinos, como si las marcas ya
instaladas no estuvieran importando unidades híbridas o enchufables.
El histórico economista Ricardo Arriazu, uno de los principales
ideólogos de la tablita cambiaria de José Alfredo Martínez de Hoz,
ministro de Economía de la dictadura, con Jorge Rafael Videla, ya
anticipó que la destrucción del empleo va a ser más rápida que la
creación. Y Arriazu, desde sus 85 años, sabe perfectamente, en
detalle, casi todo lo que pasó en la historia argentina.
La destrucción de empresas gigantes se vivió con todos los
Gobiernos. En 2008, en pleno auge del kirchnerismo, cerró la
histórica fábrica de Alpargatas, que había nacido en 1883, llegando
a tener 30.000 operarios, la misma cantidad que tienen hoy todas las
terminales de autos argentinos.
Y con una lista de grandes empresas desaparecidas podríamos llenar
tres libros. Se fueron La Forestal (1906-1963), con 20.000
trabajadores. SIAM Di Tella (1911-1996), 15.000 empleados. Swift
(1907-1983), 15.000. Sasetru (1948-1981), 12.000. Gatic (1953-2004),
9.500. La Cantábrica (1902-1992), 8.000 obreros. Altos Hornos Zapla
(1943-1992), 8.000. Terrabusi (1911-1994), 7.000. Bagley
(1864-1996), 6.000. Bodegas Giol (1896-1988), 6.000. Standard
Electric (1919-1993), 5.000. Astilleros Río de la Plata (1927-1994),
3.500. Fábrica de Tractores Deutz (1960-1998), 3.500. Bieckert
(1860-2008), 3.500. Winco (1954-1980), 3.000. Pumper Nic
(1974-1999), 2.500 empleos perdidos. Y seguramente algún lector
crítico va a decir "salame, te olvidaste de...".
Sea como fuere, lo que tratamos de decir es que trituradoras como
esta no son nuevas. Por supuesto, en este momento complejo, los
opositores que siempre vivieron del Estado tiran con todas las
piedras que pueden. Y justo en un momento en el que llegó un
gobierno como el de Javier Milei, cuya principal propuesta para
darle al país un nuevo punto de partida es poner las cuentas en
orden y terminar con la inflación.
Y ahora que la inflación no es un fenómeno puramente argentino, sino
también importado por un barril de petróleo que hace unos meses
valía US$ 55 y hoy está a US$ 110, se acaba de dar un mes de
setiembre en el que la inflación mayorista fue del 3,2%, considerada
como "alarmante" por las letras catástrofe de la editorial pura.
Y así como no se dice que las librerías son reemplazadas por tablets
o notebooks. Tampoco se publica una comparación de lo que le pasó
con las inflaciones de setiembre a los gobiernos anteriores. Macri
tuvo 0,4% en setiembre de 2016, 1% en setiembre de 2017 y 16% en
setiembre de 2018. Massa y los Fernández tuvieron 2,8% en setiembre
de 2021, 5,5% en setiembre de 2022 y 8,4% en setiembre de 2023. Y
ahora Milei acaba de tener 2% en setiembre de 2024, 1,8% en
setiembre de 2025 y 3,2% en setiembre de 2026.
Por supuesto, ante los enormes desafíos de la realidad, no de hoy,
sino de siempre. O acaso alguien puede olvidar el Rodrigazo del PJ
de 1975 o la hiperinflación de Alfonsín en 1989. En medio de la
decadencia de Juntos por el Cambio, a Mauricio Macri se le ocurrió
decir: "pasaron cosas", hasta que las PASO de 2019 se lo llevaron
puesto, con un default, calificado de "reperfilamiento" de manera
cajetilla. Sin hablar del corralito de Cavallo o de la pesificación
asimétrica de Duhalde.
¿Cómo sigue?
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