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INVERSIONES: HAY QUE PREPARARSE PARA UN
AGOSTO CON CASCO DE COMBATE
Julio
no fue un mes feliz. Como si estuviéramos sumergidos en una nueva
"Gran Depresión", los conflictos en Medio Oriente, las inversiones
descomunales con bajas ganancias en la inteligencia artificial y
sobre todo la caída del consumo a nivel local dejaron un saldo
amargo para el resultado financiero sobre todo de la Argentina.
El factor preponderante a nivel local es el bolsillo flaco en casi
toda la gente, que ahora encima debe sufrir más aumentos de inercia
en muchos precios con la llegada de agosto, como incrementos en el
costo de los servicios públicos, las expensas, los alquileres y la
complicación de muchísimas familias que siguen entrando en mora, con
cuotas impagas, y situaciones sin salida.
Este semáforo con luces amarillas intermitentes se ve en muchos
sectores. Por ejemplo, en el AMBA la gente comprar la mitad de lo
que compraba hace un año en los kioscos, por lo que cada día se ve
como 50 persianas se cierran, sobre todo en los barrios, dejando un
tendal de números desconcertantes y un panorama bien picado.
Sin dudas, el motor que marcó la fisura de todos los precios
mundiales a lo largo de todo el mes fue la renovada suba del
petróleo. Por las complicaciones en los estrechos de Ormuz en el
Golfo Pérsico y en el estrecho de Bab el-Mandeb en el Mar Rojo, el
precio del crudo anotó un salto salvaje del 21% en todo julio, que
arrastró entre otras cosas al gas y a los fertilizantes, encendiendo
la alarma de la inflación global.
Detrás de la suba mensual del 21% en el petróleo, los alimentos
sintieron el impacto a nivel planetario. Los granos, por ejemplo,
acompañaron la suba del barril. En la Bolsa de Rosario, por ejemplo,
el trigo tuvo un incremento mensual del 10%, la soja trepó 9,5% y el
maíz 8,3%. Y eso no fue únicamente local, ya que en Chicago la soja
sumó un aumento del 4,9%.
Y detrás de la suba en los alimentos, los metales básicos también
acompañaron los incrementos del mes, con el níquel ganando 5,3%
mensual en julio a nivel internacional, seguido por subas del 3,1%
para el aluminio y del 3% para el cobre.
Y, paradójicamente, regulaciones de por medio, y con los
estancamientos de los últimos tiempos, determinaron que los refugios
más importantes mostraran caras opuestas: el Bitcoin, por ejemplo,
voló en julio con un incremento del 7,8%, mientas que el oro apenas
avanzó 0,4% y la onza de plata directamente cayó 3%.
Para sumar más drama a todo esto, Kevin Warsh tomó las riendas de la
Fed advirtiendo que las tasas en EE.UU. podrían subir aún más, pese
a un déficit fiscal norteamericano gigante del 6% del PBI y a un
crecimiento económico que se aletarga.
Con esto, generando un preocupante peso para la ya enorme deuda
norteamericana, los rendimientos de los bonos del Tesoro
estadounidense tocaron el viernes los máximos de un año y medio,
pagando tasas del 4,1% a un año hasta un tentador 5,3% anual a 30
años.
Esta tasa del 5,3% a 30 años es la mayor de 20 años, y es un
indicador decisivo ya que fija el valor de las cuotas de los
créditos hipotecarios, con el 60% de las familias estadounidenses
atadas a esas mochilas. Y esto ocurre cuando faltan apenas 93 días
para la elección de medio término en EE.UU., donde Donald Trump
seguramente perderá el control de la Cámara de Representantes, con
riesgo incluso de perder en el Senado, lo cual podría derivar en un
"impeachment", o juicio político, para intentar destituirlo.
Así, asustados por este escenario, los inversores globales le
soltaron la mano al dólar, que se devaluó frente a casi todas las
monedas principales, anotando una caída semanal de por ejemplo el
1,2% contra la libra, el 1,3% contra el franco suizo, el 1,4% contra
el euro y nada menos que el 2,9% contra el yen.
Y a nivel cambiario local, la receta de Luis Caputo de absorber
pesos vía licitaciones logró ponerle un freno al billete verde,
dejando una semana en la que el contado con liquidación bajó 2,7%,
con el dólar mep 1,6% abajo. Mientras que la gente que vive en negro
y no accede a los bancos hizo que el dólar blue fuera el único dólar
mundial que subió en la semana, con un incremento del 1%, al pasar
de 1545 a 1560 pesos, en zona de récord nominal histórico de todos
los tiempos.
A pesar de esto, la niebla económica sigue espesa: la inflación de
julio rondaría el 2% según consultoras, mientras la UTDT proyecta
una inflación anual de más del 35%. Y aquí aparece otra paradoja, ya
que los plazos fijos pagan tasas de interés claramente negativas, de
entre 16% y 25,4% anual según el banco y el monto, pero igualmente
el stock total de depósitos tanto en pesos como en dólares sigue
creciendo.
Así, con una economía real estancada, y una recaudación impositiva
que no levanta, los inversores ya no se siguen montando en la compra
de títulos públicos. Por eso, en el balance semanal los bonos
argentinos bajaron 0,2%, con un riesgo país que en la semana igual
bajó 7 unidades, de 437 a 430 puntos.
Y atención que a nivel regional el riesgo país subió en todas
partes. Ecuador mostró en ese indicador un aumento de 15 puntos, en
México trepó en 9 unidades, con subas de 8 puntos en Uruguay y en
Chile.
En la Argentina, a lo largo de todo el mes, el riesgo país subió 6
unidades, por lo que ahora Argentina y Ecuador tienen un riesgo de
430 puntos básicos, México de 211 unidades, Brasil de 179, Perú 112,
Chile 92 y Uruguay 66.
En papeles privados, Wall Street pudo asomar la cabeza esta semana
impulsado por buenos balances de la mayor parte de las empresas,
permitiendo que el índice tecnológico Nasdaq pudiera subir 1,6%, al
tiempo que el Dow Jones Industrial tuvo una suba semanal de 1%.
En realidad, varias Bolsas resistieron: en el balance semanal la
Bolsa de San Pablo subió 2,2%, Frankfurt 2,1%, México mejoró 0,8% e
incluso Santiago de Chile tuvo un alza del 0,6%.
Pero a nivel bursátil local no pasó lo mismo. El índice Merval subió
apenas 0,1% en pesos y bajó 0,8% en dólares, golpeado por balances
tristes, como el de Edesur que ganó en el 2°T de este año mucho
menos que en igual lapso de 2025, al igual que los otros pocos
estados contables presentados a tiempo.
Y lo peor del caso es que en el mundillo bursátil hay una máxima que
ya quedó pegada en la piel de los operadores: "hay que tener mucho
cuidado con los meses de agosto, porque en general las Bolsas
bajan". Esto es así de alguna manera fomentado por el faro de Wall
Street, ya que en EE.UU. agosto es el mes de las vacaciones de
verano, donde los inversores venden acciones para pagar los gastos
del descanso.
De este modo, con un contexto de alta volatilidad global, por
presiones inflacionarias y por dudas sobre el ritmo que tendrán las
tasas de la Fed, los consensos de los principales bancos de
inversión aconsejan lo siguiente:
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